En días como estos me doy cuenta que quiero abarcar más de lo que puedo.
Disfruté mucho estar dos horas totalmente metido en lo que es el estudio del arco para el contrabajo, yo nunca tuve estudios clásicos ni tampoco tendencias a querer en demasia la música que entendemos por clásica.
Aparte de algunos representantes más contemporáneos como Debussy, Satie, Webern, Shoenberg, Xenakis y otros pocos no logro disfrutarla, me duerme, me aburre, me ahoga... Wagner es tedioso pese a haber obligado al contrabajo a bajar hasta el Do.
Yo lo hago porque necesito ser afinado, disfruto mucho siendo afinado y desafinado en el contrabajo a placer; el arco es simplemente una herramienta para alcanzar ese objetivo, pero hoy la herramienta resulté siendo yo... disfrutando...
Al igual que disfruté aquel viaje en el metro pese a no haberme podido concentrar en terminar los pocos capítulos inconclusos que me quedan del "proceso". La culpa la tuvo una peliroja de labios pequeños, corta estatura y buena capacidad para desconcentrarme que infortunadamente ya no recuerdo bien.
Es precisamente un metro el que refleja el pasar del ser humano por el mundo (pensé); un sin fin de gente, metidos todos en una porción pequeña del infinito, todos juntos, cercanos pero ninguno acompañándose.
Al final me di cuenta que era una metáfora estúpida, no podemos vivir tantas veces, ¿y que hay de quienes llegan acompañados? ¿y por qué no podemos conocer a alguien en el camino? darme cuenta que efectivamente era una metáfora tonta me llenó de ilusión, le dió a mi rostro un tono más calido en una multitud de cabezas inmersas en problemas, lo mio ya estaba solucionado, y poco después (ya muy lejos del metro) tomé el arco y disfruté mucho estar dos horas totalmente metido en lo que es el estudio del arco para el contrabajo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario